A. Dupin, Investigador

Soy A. Dupín y te contaré mi historia; pero tendrás que leerla entre líneas, porque a mí no me gusta ir por ahí largándolo todo así, sin más. Soy de esos que habla poco y observa mucho, ya me entiendes…

Me llamo A. Dupin y soy investigador

A. Dupin

«Permitidme que, por el momento, me llame a mí mismo William Wilson. Esta blanca página no debe ser manchada con mi verdadero nombre.»

William Wilson, de Edgar Allan Poe.

El personaje A. Dupín

Hola, me llamo Dupin, A. Dupin, y soy investigador.

¿Policía? ¡No, por Dios! Los policías no admiten variación de principio en sus investigaciones, ellos tienen sus métodos y los siguen como autómatas; nunca serán capaces de adaptar su intelecto al de su oponente para medir su inteligencia.

Verás un colegial, jugador empedernido, me dijo una vez: «Si quiero averiguar si alguien es inteligente, o estúpido, o bueno, o malo, y saber cuáles son sus pensamientos en ese momento, adapto lo más posible la expresión de mi cara a la de la suya, y luego espero hasta ver qué pensamientos o sentimientos surgen en mi mente o en mi corazón, coincidentes con la expresión de mi cara.»

Identificarse con el delincuente, mimetizarse con él: ese es el secreto. Para ello hay que llegar a conocerlo mejor que él mismo. Su entorno, su nivel cultural, sus vicios y virtudes, sus preferencias… todo. Solo así podrás dar respuesta a las preguntas que te asaltan; te lo dice A. Dupin.

No quiero entrar en demasiados detalles, si te interesa este asunto, deberás leer La Carta Robada; allí está todo bien explicado.

No te culpo porque hayas pensado que estoy muerto. Te equivocas; me encuentro muy bien de salud. Esta es una cuestión que me molesta explicar por razones obvias.

Ya sé que tengo muchos años, pero eso no hay ninguna forma de remediarlo. ¿Que cuándo me jubilo? ¿Acaso un investigador se jubila alguna vez? A. Dupin no, desde luego.

¡Pues claro que no! Todo lo que surge a mi alrededor atrae mi curiosidad. No puedo remediarlo. Al fin y al cabo, un buen investigador lo será siempre con independencia de la época por la que atraviese.

Es por este motivo por el que he decidido aparecer por este sitio: para poder contarte mis inquietudes como investigador y para que tú también me hagas llegar las tuyas.

A. Dupín y la Novela Negra

En mis tiempos no había de eso. En aquel entonces había novela, pero negra, negra… No hacíamos distinciones de colores. Toda solía ser igual.

Bueno… igual, igual, no. Unas eran mejores que otras. Supongo que eso también pasará ahora, claro.

¿Que si fui yo, A. Dupin, el que la inventé? En absoluto. Yo no he escrito una palabra en mi vida. Bastante tengo con investigar todos los casos que acaban encima de mi mesa. Observar, analizar y deducir es lo único que me satisface.

Eso debió ser cosa de ese Edgar, un espíritu atormentado que anda por ahí preparando embrollos, imaginando, intrigando… ¡Dios, como lo odio!

Además, el maldito, no deja de meter dentro de mi cabeza nuevos casos, nuevos problemas. Ni en la tumba me deja tranquilo. Conseguirá volverme loco, lo sé.

Edgar Allan Poe me persigue

Verás, mi tren partió hace ya mucho tiempo, dejándome en el andén. Desde entonces vago por el mundo, de aquí para allá, sin rumbo ni dirección.

Como A. Dupin, acudo allí donde me llaman, donde me necesitan. No me importa el dinero ni los lujos, solo busco el misterio para sumergirme en él hasta desentrañar todos sus secretos y conseguir que la luz brille en la oscuridad.

Esta obsesión acabará algún día conmigo, pero a estas alturas de mi vida lo que menos me preocupa es eso.

Sin embargo, Edgar… sí me preocupa. Nunca he llegado a entender la extraña influencia que esa mente despiadada ejerce sobre mí. Si pudiera librarme de él, descansaría tranquilo.

He escuchado muchos rumores sobre él; algunos, descabellados. ¡Pues no va diciendo por ahí, el muy pretencioso, que fue quien creó a A. Dupin! Como si yo fuera un mero objeto de la imaginación, como si no tuviera padre y madre como el resto de los mortales: un loco, ese Edgar.

Me dijeron que murió a ya muchos años, pero aún así me persigue desde la tumba y la gente me transmite sus mensajes continuamente. Que si Edgar dijo, que si no dijo… No les hago caso. ¡Condenado, Edgar! Te maldigo una y mil veces. ¡Te maldigo!

Bueno, seamos positivos. Seguro que con tu ayuda conseguiré darle esquinazo y enterrarlo definitivamente.

Tú me ayudarás a resolver sus enigmas. Trabajaremos juntos, codo con codo, como dos socios, en igualdad de condiciones.

Bueno, en igualdad, igualdad, no; porque al menos tendrás que reconocerme mi gran experiencia de casi doscientos años como investigador, pero de eso hablaremos otro día; mientras, cuento contigo.

También puedes suscribirte a mi newsletter, te mantendré informado de lo que va ocurriendo por esta página. Gracias.

A. Moya

Todos los derechos reservados.

Suscríbete a mi página. Te mantendré informado.

Podrás darte de baja cuando lo desees.

Mantenenos tus datos en privados. Lee nuestra política de privacidad en la parte inferior de la página.

Mente creativa

Hablemos del momento en el que la mente creativa vaga entre la realidad y la ficción, perdida sin control de…

El lenguaje inclusivo

En este mundo del «todo vale», nos empeñamos en juntar palabras que se excluyen entre sí para definir lo simple,…

¿Quién es el Delincuente?

El delincuente es una pieza imprescindible en la novela negra. Normalmente desempeñará el papel de antagonista: el malo que nos…