La Democracia en España.

La democracia en España se ha convertido en dictadura. Ya solo le queda el nombre. El frentismos, el nacionalismo y otros «ismos» han acabado con ella. Una parte de la sociedad, narcotizada por unos políticos oportunistas sin escrúpulos, aplaude cual forofos. Aún queda camino, pero el final está cerca.

Amador Moya, un librepensador

A. Moya

“Para mí la democracia es un abuso de la estadística. Y además no creo que tenga ningún valor. ¿Usted cree que para resolver un problema matemático o estético hay que consultar a la mayoría de la gente? Yo diría que no; entonces ¿Por qué suponer que la mayoría de la agente entiende de política? La verdad es que no entienden, y se dejan embaucar por una secta de sinvergüenzas, que por lo general son los políticos nacionales”. (Jorge Luis Borge)

El modelo español.

Después de mi anterior artículo titulado: ¿Que es la democracia?, he querido referirme en concreto a la situación de La democracia en España.

En estos días, nuestro presidente del Gobierno, ha estado muy ocupado tratando de encontrar socios que lo apoyen para asentarse en la Moncloa.

Es el mercadeo acostumbrado tras unas elecciones en las que ningún grupo consigue la mayoría necesaria para gobernar en solitario.

Ya ha pasado un año y medio desde aquel día en que se votó una moción de censura por la que llegó al poder aupado por las minorías nacionalistas y radicales.

Un año y medio de inestabilidad política, de gobierno en minoría, de las minorías y para las minorías.

Si ampliamos nuestro campo de visión y nos vamos a analizar los últimos cuatro años, la situación no mejora porque se han convocado otras tantas elecciones generales sin conseguir gobiernos estables.

Esto nos permite comprobar que con la configuración política existente, fruto de un sistema electoral deplorable, injusto y que beneficia descaradamente al entramado nacionalista, no es posible salir de esta situación diabólica en que nos encontramos.

Al presidente esto no le importa en absoluto. A él solo le preocupa mantener su sillón y los de los muchos “amigos” que lo rodean.

Hay muchos favores pendientes de pagar y eso solo se puede hacer desde el poder. Es la consigna, la triste realidad de la democracia en España. ¿El Estado? ¿Qué Estado?

Los españoles, el problema

En España nunca hemos sido capaces de ponernos de acuerdo y remar en la misma dirección. Ni siquiera en los momentos más difíciles. ¡¡Este es nuestro verdadero problema!!

Falta de autoridad, de orden, de conciencia política. En definitiva: ausencia del Estado de Derecho, cuyo escrupuloso funcionamiento es la base de toda sociedad moderna.

Sí, amigos míos, nuestro principal problema es que somos muy tramposos (unos más que otros) y no aceptamos las reglas del juego. Luego vamos presumiendo por ahí de demócratas, pero solo lo somos de «boquilla».

Las trampas las hacemos a todos los niveles y, si luego las instituciones no funcionan porque previamente las llenamos de amigos, no pasa nada, porque ganamos la partida que en realidad debimos perder.

Por este motivo, si entendemos por democracia un lugar donde se vota, la democracia en España es la mejor del mundo, porque aquí votamos para todo y por cualquier pretexto.

Pero si la democracia es el gobierno de las mayorías, en España no ha habido democracia nunca.

Aquí siempre han mandando las minorías que han vendido sus apoyos a precio desorbitado, pagado en prebendas que luego fueron a vender a sus feudos como verdaderos logros y que les han permitido perpetuarse en el poder.

Hemos sido, y somos, esclavos de los nacionalistas porque los dos partidos mayoritarios nunca han sido capaces de ponerse de acuerdo para gobernar o para acordar cualquier actuación conjunta en beneficio de la mayoría de los ciudadanos.

Nuestra historia reciente

En España, el frentismo excluyente, practicado y respaldado por una parte de la sociedad que se cree moralmente superior al resto, nos ha llevado a revoluciones y enfrentamientos guerracivilistas a lo largo de los últimos doscientos años.

Esta es la verdadera raíz de la ingobernabilidad y de la debilidad de la democracia en España, lo que aprovechan los de siempre para obtener privilegios, fueros y favores.

Todas estas prebendas han creado desigualdades sociales y económicas, desigualdades jurídicas, insolidaridad, superioridad, inferioridad, etc.

Ya sé que España es fuerte, pero no olvidéis que muchos españoles, con la ayuda de otros no españoles, llevan intentando destruirla más de doscientos años.

Ojo, los enemigos son muy poderosos, y los apoyos pocos y divididos. La cuerda no aguantará ya mucho tiempo y romperá. Mirar hacia otro lado no es la mejor actitud ciudadana.

Cumplir la ley no está de moda

Los privilegios regionales y los fueros son la prueba evidente de que la ley no se aplica por igual a todos los ciudadanos ni en todo el territorio del Estado.

En España, no somos todos iguales ante la ley como establece la Constitución: esta es la realidad.

Una parte del Estado respaldada por una minoría vocinglera ha decidido saltarse la ley y, amparados en las instituciones que les hemos ofrecido gustosamente, cuestionan abiertamente los principios básicos de la sociedad.

Desde allí pone en duda, con gran alborozo, la Monarquía Parlamentaria, la unidad del España y la propia Constitución a la que ignoran y violan de forma permanente.

La Constitución mira a todos lados tratando de adivinar de dónde le vendrá la próxima puñalada: «Del Tribunal Constitucional, amiga mía, ese es tu mayor enemigo; no lo pierdas de vista».

En España el Estado de Derecho se encuentra herido de muerte y los derechos de la mayoría de los ciudadanos continuamente pisoteados y mancillados por los representantes del Estado que tienen la obligación de defenderlos.

La situación ha ido empeorando durante los últimos cuarenta y cinco años y la tendencia no parece que vaya a cambiar. Esta es la precaria salud de la democracia en España.

Por mantenerse en el poder, los políticos siguen bebiendo del brebaje venenoso que les ofrecen los nacionalistas, los enemigos de España, aunque esto suponga la destrucción de todos.

Los favores hay que pagarlos si quieren seguir disfrutando de ellos: un golpe de Estado mientras los encargados de evitarlo toman café.

¡No pasa nada! Llevamos tanto tiempo diciéndolo que hemos llegado aa creérnoslo.

El control de la Justicia

El control de la Justicia siempre ha sido la prioridad de cualquier dictador porque, de esta manera, se asegura que la ley se aplicará como a él le convenga.

No habían pasado diez años de la muerte de Franco y todos andábamos contentos con una supuesta democracia en España, cuando un famoso líder de izquierdas, ebrio del poder que le otorgaba una mayoría absoluta, soltó aquella famosa frase: «Montesquieu ha muerto».

Si grave es la frase, mucho más lo es que un líder de su importancia nos anunciase el fin de la independencia de los jueces cuando ni siquiera habíamos llegado a sentirla.

Los jueces aplaudieron encantados y este político, lejos de haber ido a la cárcel por apuñalar al Estado de Derecho, fue aplaudido.

Este líder, en el colmo de la hipocresía, de la que hace gala bastante a menudo, hoy anda quejándose por ahí de los golpes de Estado que ocurren en España, pero nada dice de aquel que él mismo perpetró con total impunidad y del que somos herederos directos en estos momentos.

Resulta evidente que si Montesquieu, padre de la división de poderes en la que se basa nuestro sistema, ha muerto y con él enterramos su filosofía política y social, a este tinglado ya no le queda de democracia nada más que el nombre.

Porque este sistema se ha convertido en una verdadera dictadura en la que el poder ejecutivo, chantajeado por las minorías nacionalistas y extremistas, domina con total soltura a los otros dos poderes que tienen como cometido su control.

Os recomiendo que leáis este artículo del profesor Villaverde porque os puede aclarar muchas dudas sobre esta cuestión. Para leerlo pica en el ENLACE.

Populismo independentista

Recién he leído una noticia en la que, desde una de las principales instituciones del Estado, una de sus representantes propugnaba que se abrieran las cárceles para que todos los presos salieran.

La propuesta es absurda pero se está llevando a cabo: terroristas, golpistas y delincuentes amigos son homenajeados y premiados todos los días desde las instituciones o desde las asociaciones creadas para la ocasión.

Permitimos a los enemigos del Estado penetrar dentro de él para que lo puedan combatir mejor mientras viven a su costa. Los delincuentes han ocupado el poder y se lo están repartiendo. Pagan sus deudas y viven a nuestra costa.

Esta es la democracia en España. ¿Acaso a esto se le puede llamar democracia? No lo creo; más bien parece que estamos en presencia de esa cáscara vacía de la que hablaba Nelson Mandela y a la que me refiero en el artículo: ¿Qué es el Estado de Derecho?

Sin olvidarme de Borges, tampoco le faltaba razón a Bob Marley cuando definía la democracia como una dictadura en la que se vota cada cuatro años.

La Ley, la única salvación

La aplicación estricta la Ley, el respeto escrupuloso a la separación de poderes y un gobierno de mayoría parlamentaria estable resulta imprescindible y urgente.

Es necesario cambiar la ley Electoral para que permita la formación de mayorías estables. Es necesario el acuerdo entre los dos partidos mayoritarios o, lo que es lo mismo: un acuerdo entre españoles que olvidan sus viejas y falsas diferencias para mirar al futuro.

Como podéis apreciar, la solución para la democracia en España es fácil, otra cosa es que los dictadores que nos ha tocado soportar estén dispuestos a afrontarla.

Ellos se sienten cómodo con el enemigo al que acaba de comprar, aunque que sepan que los traicionará, porque solo son capaces de mirar hacia su propio ombligo.

Llevamos mucho tiempo cometiendo los mismos errores que en el pasado nos llevaron a situaciones trágicas. El frentismos y el golpismo no traen más que odio, miseria y muertes. En estas condiciones la democracia en España no será posible; tú decides.

Amador Moya

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