La manipulación y otras cualidades del ser H

Este artículo no va de hombres y mujeres. Tampoco pretende ser un tratado sobre la inteligencia y la estupidez, aunque pueda parecerlo. Solo la manipulación del ser H es lo que en realidad me interesa.

Amador Moya, un librepensador

A. Moya

“Nos encontramos, pues, con la misma diferencia que eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. Éste se sorprende a sí mismo siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la inminente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. El tonto, en cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la inevitable tranquilidad con que el necio se asienta e instala en su propia torpeza.” Ortega y Gasset.

¿Nos hemos vuelto locos?

Hace tiempo que veo avanzar el mensaje oficial y políticamente correcto de que la mujer es superior al hombre, que los hombres debemos conformarnos con una mujer poco inteligente a nuestro lado (en el improbable caso de que existan) porque con las inteligentes no sabríamos convivir.

Reclamaciones de cuotas de poder del 70% y superiores para la supremacía femenina y otras sandeces que insultan a la inteligencia y pisotean sin miramientos el principio de igualdad, son habituales.

Grandes escritores, novelistas y pensadores parece que avalan estas teorías xenófobas con supuestos y dudosos textos extractados fuera de contexto que tratan de situarnos ante una visión desfigurada e interesada del ser H.

Reflexiono y pienso que, ante tanto ruido mediático y tanto erudito persuasivo, puede que sea yo el equivocado, el paranoico, el enfermo. Debo confesar que, movido por un impulso irrefrenable, corrí a la consulta del psiquiatra en busca de la pastilla que me permitiera ver la realidad, pero me dijo que no se ocupaba de la vista y me mandó al oculista; éste, después de múltiples exámenes, me dijo que estaba perfectamente y que lo que veía ante mis ojos era real.

He llegado a la conclusión de que el mundo se ha vuelto loco. Miro a mi alrededor y tengo la seguridad de que hemos perdido el norte. La exageración y la falta de juicio campa a nuestro alrededor como una plaga. No es posible que en momentos de máximo nivel cultural, la sociedad esté dominada por la estupidez más absoluta.

La guerra entre las mujeres y los hombres

La guerra entre mujeres y hombres está planteada. Late en todo lo que se hace, se dice o se respira. La moda es denigrar públicamente al hombre. El hombre es el enemigo de las mujeres inteligentes y de los hombres estúpidos. Si tenemos en cuenta que casi todas las mujeres se creen inteligentes y que la mayoría de los hombres son estúpidos, la ecuación cuadrará a la perfección.

Redes sociales, artículos de opinión, tertulias…; todos cantan las innumerables excelencias del género femenino perseguido por el masculino para esclavizarlo, someterlo, exterminarlo…

Veo a mi mujer y me pregunto por qué sigue a mi lado, por qué no ha salido corriendo hace tiempo, ¿es qué no se ha dado cuenta de que está viviendo con un monstruo? Me entra el pánico: a ver si se trata de una mujer inteligente… ¡Dios! Estoy perdido.

Luego profundizo y compruebo que aquellos que defienden estas posturas también tienen pareja de distinto sexo o la buscan con ahínco. Que discuten, se enfadan y hasta insultan o denigran a sus parejas en momentos de ira o frustración.

Nada fuera de lo normal en las relaciones entre seres H, nada que no ocurra todos los días entre hombres, entre mujeres, o entre hombres y mujeres.

La manipulación en masa

Este oasis de aguas tranquilas con el que algunas mentes interesadas tratan de disfrazar la realidad del género femenino me parece hilarante. En el cajón del olvido se queda la fama que tiene la mujer, ganada a pulso a lo largo de siglos o milenios, como envenenadora, manipuladora, intrigante…

Nos hemos acostumbrado a hacer trampas para conseguir nuestros objetivos. Es el camino más recto, el más fácil y todo el mundo lo utiliza porque sale gratis, la gente compra las mentiras con la mayor naturalidad y el mentiroso es valorado, vitoreado, reconocido como un ser inteligente.

Por ese motivo, en esta vorágine de estupidez y mentira, lejos de reconocer que el mundo de las pasiones, de las emociones, de los sentimientos, de la razón, de la inteligencia y de la estupidez no pertenecen al hombre ni a la mujer, sino al ser H; algún imbécil recubierto de un halo de brillantez mediática se descolgará con la superioridad intelectual de la mujer sobre el hombre, y lo argumentará basándose precisamente en esa fama de manipuladoras.

Porque si la mujer manipula al hombre es un gran mérito y una prueba de inteligencia, pero si ocurriera al revés, sería una muestra evidente de machismo. Muchas mujeres aplaudirán frenéticas y algunos seres H observaremos perplejos al asistir a la mayor manipulación colectiva que haya existido jamás.

Un filósofo humilde

No me hagáis mucho caso. En realidad, lo que acabo de contar lleva pasando miles de años. La manipulación y la mentira no son nada nuevo. Lo que sí es nuevo es que se produzcan con tanta intensidad en una sociedad moderna, plagada de información, de medios, escuelas y universidades, y en la que los seres H decoran las paredes de sus casas o despachos profesionales con títulos y reconocimientos de todo tipo.

Todos conocen la famosa frase atribuida a Sócrates: «Solo sé que no sé nada», pero nadie la recuerda, nadie la practica. Todo el mundo sabe, y sabe hasta de lo que no sabe.

Dos mil quinientos años después de esa frase no hemos entendido aún que la humildad es una virtud; por eso, todo el mundo practica la prepotencia, se rodea de falsa sabiduría, se deja seducir por la adulación y la autocomplacencia, y cuando le susurran al oído que pertenece al grupo de las inteligentes, ni siquiera le queda tiempo para preguntarse si en verdad lo es, porque su autoestima ya se ha disparado hacia el infinito.

Amador Moya

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