Roma, Ciudad Eterna.

No es ninguna noticia que una ciudad tan grande y milenaria cuente con muchas plazas; no obstante, son cuatro las que quiero abordar en esta ocasión. Cuatro y media, diría yo, pero la media la dejaré para el final.

San Pedro, España, Venezia y Navona. No me interesa ahora su historia, ésta la podéis recopilar en Wikipedia en cualquier momento, sino el olor y el color de su gente. Seguiré el orden indicado anteriormente, no sin antes advertir que estas cuatro plazas son los lugares donde se encuentra el pulso de la Roma actual. La ciudad no sería lo que es sin estos lugares de encuentro de los millones de visitantes que pasan por sus calles diariamente, porque eso es lo que son en realidad: lugares de encuentro.

San Pedro es el centro del peregrinaje cristiano, el centro de la cristiandad, el lugar de encuentro diario de visitantes, peregrinos, turistas, curiosos, negociantes, músicos, mendigos, clérigos, seglares, creyentes, no creyentes, cristianos, ateos, paganos… En uno u otro momento del día, todos pasan por allí.

Es la más grande, la más suntuosa, la más magnífica. Con la gran avenida introductoria, y la escalinata y la basílica al fondo, aquella plaza circular, plagada de columnas, acoge a todo el mundo y abraza a todos los que acuden a ella. Por el día y por la noche, San Pedro tiene ambiente.

Los puentes sobre el Tevere juegan un papel especial en esta zona. Durante el día son las arterias por las que fluye la vida de un lado al otro del río, pero por la noche, la vida, la sangre se ralentiza, y la gente se detiene para contemplar desde ellos el río, las luces, la plaza y la basílica coronada por su espectacular cúpula, al fondo. Sacar fotografías nocturnas desde aquí, no solo es una disculpa para acudir a uno de los lugares más bonitos de Roma, sino una oportunidad irrepetible. Citaré los cuatro puentes más importantes: el de Humberto I, por encontrarse frente al impresionante Palacio de Justicia y, principalmente, porque desde él se pueden obtener las vistas nocturnas más bonitas del río y de todo el conjunto vaticano y aledaños; el de Sant Angelo, el más bonito, peatonal y majestuosamente adornado frente al castillo del mismo nombre, desde él consigues una visión recta de la avenida vaticana (vía de la Conciliación) y de su plaza con la basílica al fondo, también porque es la zona de más ambiente nocturno; el de Vittorio Emanuele II, el más directo para la circulación de todo tipo, te enfrenta a una de las vías más transitadas de Roma; finalmente, el de Amadeo de Saboya, de un grato recuerdo para los españoles, algunos descubren que fue nuestro rey y otro marchan de allí sin saberlo.

La Plaza de España. Siempre me ha resultado paradójico que en las ciudades italianas se festeje el nombre de nuestro país, poniéndoselo a alguna de sus plazas importantes. Siempre lo tomo como un gesto de cariño hacia los españoles, en general, del que yo me siento partícipe y halagado. La verdad es que nosotros no les decepcionamos porque es el lugar de encuentro de todos los españoles y de todos los turistas de Roma durante la tarde-noche. Aquella plaza, de ambiente permanente, cuando cae el sol se convierte en una auténtica fiesta. La gente ocupa su enorme escalinata como si fuera un gran teatro romano. Todo turista de la ciudad va allí por la noche a sentarse un rato, para hablar con el que tiene a su lado, para sacarse fotos, subir y bajar la escalinata, reírse y chatear con su móvil. Su enclave es perfecto porque se encuentra rodeada de una zona de calles peatonales y comerciales, donde se ubican las tiendas más caras y glamurosas de toda la ciudad.

Allí puedes percibir que a este país aún le queda mucha sangre en las venas. Allí, sentado en aquellas escaleras, te das cuenta que los españoles somos, en realidad, unos pueblerinos estúpidos e ignorantes que peleamos diariamente entre nosotros cuando estamos en nuestra propia casa. Somos como esas familias grandes de muchos hijos, todos ellos de sangre caliente, que hacen mucho ruido y discuten a la menor oportunidad e, incluso, sin ella. Sí, esas familias ingobernables en las que todos quieren ser protagonistas y constituirse en el centro del universo. Pero, cuando salimos fuera, nos damos cuenta de lo grande que es el mundo y de lo pequeños que somos nosotros y nos agrupamos, nos buscamos; entonces, ya no somos catalanes, vascos, o de Lepe, y el más independentista se convierte en el más español, y habla, por supuesto, español para que todos le entiendan, incluso los italianos.

Ese es el momento, cuando estos pueblerinos indecentes y estúpidos visitan la Plaza de España situada en Roma, centro del universo, cuando se dan cuenta de que su país, un día fue el más grande del mundo occidental y que en mayor o menor medida lo gobernó; de que sus antepasados tuvieron ese privilegio, no por ser catalanes o de cualquier otro pueblo del rincón más remoto de la península, sino por ser españoles, y que por ese motivo, solo por ese motivo, esa plaza hoy se llama así, tiene ese ambiente y ellos se encuentran en ella.

Ya sabéis que los españoles tenemos la costumbre de hablar alto, por eso es fácil detectar nuestra presencia. En una ciudad plagada de visitantes y peregrinos, donde la colonia española es realmente amplia, resulta habitual encontrarte por las calles, principalmente en esta plaza, con españoles, muchos de ellos catalanes por el acento; ninguno, repito, a ninguno de ellos les escuché hablando en catalán. Podría ser que este fuera precisamente el remedio para la cura de nuestra evidente enfermedad, salir de nuestro pueblo, viajar y darnos cuenta de que somos importantes. En el campo de la psicología, la enfermedad se denomina “baja autoestima”, en este caso, acompañada de una dosis muy grandes de hipocresía y de maldad.

La Plaza Venezia. Esta es la plaza introductoria a toda la zona de lo que denomino la Roma romana y pagana. Es un nudo de circulación muy importante de la Roma monumental y turística. Rodeada de palacios renacentistas, cuenta al fondo con el majestuoso palacio dedicado a Vittorio Emanuele II, visible desde cualquier parte de la vía del Corso que parte de esta plaza y discurre, recta, hasta la plaza del Popolo.  Esta calle es el eje central y comercial de la ciudad romana.

En la plaza Venezia, se encuentra el paso de peatones más peligros de la ciudad. Es un paso que atraviesa una de las vías de más tráfico (vía Nazionale), tiene unos cincuenta metros de largo, sin semáforos u otra regulación y allí, peatones y coches pasan cuando pueden en la más absoluta anarquía y armonía. Los peatones se tiran a la calzada porque, sino no cruzan nunca; los coches meten el morro sin importarles los primeros con tal de pasar el trámite. En cualquier momento puedes ver en el medio de la calzada un grupo de peatones parado sin saber para dónde tirar y rodeados de coches por todos lados. El policía mira impasible sin hacer absolutamente nada. Todos los días lo cruzaba varias veces y nunca vía ningún accidente, eso sí, las voces y los pitidos estaban al orden del día. Maravilloso, típicamente italiano, típicamente romano.

Desde esta plaza se llega a todos lados, de ella salen las principales calles de la ciudad y es la puerta a la roma antigua que se encuentra justo detrás del referido palacio dedicado al unificador de Italia.

Por cierto, le conocen y le veneran como “El Padre de la Patria”, y le dedican monumentos, plazas y calles por doquier; algo parecido a lo que nosotros hacemos con los padres de la nuestra, los Reyes Católicos, que ya hicieron lo mismo que hizo este señor, pero casi cuatrocientos años antes. Cuatrocientos años de ventaja sobre los países de nuestro entorno y hoy huimos de ellos como si de la peste se tratara, pero salimos de nuestra “cueva”, llegamos a la “Ciudad Eterna” con nuestras cámaras en la mano y subimos con devoción aquellas majestuosas escaleras mientras exclamamos un profundo ¡OOOOOH!, mirando la enorme estatua de bronce que representa a un señor, un guerrero con unos enormes bigotes. En ese momento, en nuestra inmensa ignorancia, pensamos que hemos descubierto la pólvora, pero no, resulta que, si la mayoría de Italia un día fue española, fue gracias a que otros señores hicieron lo mismo que aquel bigotudo, pero cuatrocientos años antes que él. ¡Que estupidez la nuestra!

La Plaza Navona. Es el centro del Renacimiento Italiano, la coquetería, por excelencia. Muy cerca del puente de Umberto I, Navona son las pizzerías, los músicos, los pintores… la bohemia romana. Es la entrada a una parte de la ciudad de calles estrechas y abarrotadas de gente, cerca del Panteón de Agripa, el Mejor Café; en resumen, gente que va y viene en oleadas, gente… y vida. Poco más se puede decir de esta plaza edificada sobre un viejo estadio romano construido por el emperador Domiciano, con forma de pista de atletismo. Lo mejor que se puede hacer, en este caso, es visitarla y tomarse una pizza en una de las bonitas terrazas que la circundan, mientras disfrutas del ambiente y de la gente que la recorre.

Me queda la otra media plaza que anuncie. Se trata de La Fontana di Trevi. No es propiamente una plaza, pero es un punto de encuentro ineludible en la ciudad. La Fontana es un monumento, una preciosa fuente colocada en la fachada de un palacio y que da vistas a un cruce de calles. Está enclavada en el centro de la ciudad y muy cerca de la Vía del Corso y de la Plaza de España. Con muchísimo ambiente y con mucha vida en sus inmediaciones, es lugar obligado de visita diaria y, con mucha suerte podrás llegar a tocar el agua y todo lo demás que se refiere a la moneda y eso, porque los visitantes se agolpan en la pequeña escalinata que la circunda. Todos quieren llegar a ella, todos quieren la foto y tendrás que esperar un poco ya que el espacio es muy reducido y la demanda grande.

 Amador Moya

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5 respuestas

  1. Como dices viajar es una buena cura para muchas cosas, parece que tenemos que separarnos y con la distancia poder ver con una perspectiva más amplia para reconocer y agradecer lo que tenemos, que es mucho y muy bueno.

  2. Una visión interesante de Roma con las cuatro plazas que la vertebran, me dan ganas de volver cómo siempre a la ciudad eterna y observar con tranquilidad lo que describe…..

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