El Lenguaje Inclusivo

Este es el verdadero lenguaje inclusivo: universal, sin matices ni géneros. Tan exclusivo que dicen que solo las máquinas lo leen y lo entienden. ¿Tú cómo lo llevas?, porque yo no entiendo ni «papa».

Amador Moya, un librepensador

A. Moya

“Los hombres sabios hablan porque tienen algo que decir. Los tontos hablan porque tienen que decir algo». Platón.

“El que mucho habla, mucho yerra». Refranero español.

Curioseando por Facebook

Al hilo del invento ese del lenguaje inclusivo leía en Facebook que, en la sociedad actual, el inteligente debía mantenerse callado para que el ignorante no se sintiera ofendido. Yo respondía que eso había pasado siempre. Me refiero a que el ignorante siempre se ha sentido ofendido por el inteligente.

Ésta es una de sus principales características. Ortega y Gasset lo explica muy bien cuando establece la diferencia que existe entre el tonto y perspicaz.

Pero la realidad es otra: por fortuna, el inteligente no se calla. Nunca se ha callado. Por eso hemos progresado: porque el inteligente siempre ha encontrado el momento y el lugar para decir lo que llevaba dentro.

¿Recordáis a Galileo? Le costó, pero habló. Bueno, Galileo tenía tantas cosas que decir…

El inteligente siempre dice lo que tiene que decir, pero lo dice cuando debe decirlo y por eso todos le escuchamos.

La tontería se llama lenguaje inclusivo

Podemos decir, sin riesgo a equivocarnos, que la tontería está de moda. Nuestros políticos se esfuerzan cada día por ser originales y mostrarnos su absoluta ignorancia. Lo hacen sin rubor. Está de moda y las modas mandan. Crean tendencia, dicen algunos; es «guay», dicen otro; suena bien, corrobora el «músico».

Si Platón lo tenía claro ya hace tanto tiempo, Séneca no le andaba a la zaga y confirmaba que eso de hablar mucho podía ser peligroso al aumentar el riesgo de equivocación (por la boca muere el pez, ya sabes). Claro que lo del lenguaje inclusivo, cuando Platón o Séneca, no se llevaba.

Ya sé que a la inmensa mayoría no les importa lo que dijeran estos señores tan viejos, y siguen con la matraca del lenguaje inclusivo y todo lo que les indiquen los que escriben el guion de esta película.

Quizá por ese motivo, en este mundo del «todo vale», nos empeñamos en juntar palabras que se excluyen entre sí para definir lo simple, pero políticamente poco correcto, de forma que resulte… más suave, más dulce, más «inclusivo»; y como estúpidos, ¡lo compramos!

Un par de ejemplos

Totalitarismo democrático:

Se trata de un nuevo concepto con el que el ser H trata de justificar lo injustificable. Bien es cierto que la palabra democracia resulta poco concreta, pero ni en el mejor de los sueños podemos admitirla junto a su compañera de viaje. Claro que después de ver democracias como la República Democrática de Corea, este término cobra pleno sentido.

Discriminación positiva:

De nuevo tratamos de justificar un determinado tipo de discriminación para presentarla como legal. Por mucho que vistamos el santo, la discriminación no tiene color, es un concepto jurídico objetivo y perfectamente definido y excluye de su lado a cualquier adjetivo o compañera de viaje que trate de desvirtuarla. La discriminación es rechazable siempre y, por lo tanto, perseguible por los hombres y las mujeres de bien, además de por los jueces.

Un sitio Web oficial:

Aunque sé que la estupidez no tiene límites, me sorprendí cuando encontré una página en la que se hacía una serie de recomendaciones sobre el lenguaje inclusivo.

La primera consistía en sustituir «La cultura nos pertenece a todos…» por «La cultura pertenece a toda la ciudadanía…».

No quise seguir leyendo y pensé cabreado: «lo diré como me dé la gana. Solo me faltaba que me impongan lo que debo decir y cómo hacerlo».

Me fijé en quién era el autor de semejante majadería para descubrir que se trataba nada menos que del Consejo Nacional de Cultura y las Artes de un país supuestamente «democrático» al que no quiero mencionar, aunque el panfleto se titulaba: Guía de lenguaje inclusivo de género.

¿Lenguaje inclusivo? Otro ejemplo

Si analizamos el significado de la palabra «incluir» nos topamos con que su significado según la RAE es «poner algo o alguien dentro de una cosas o de un conjunto , o dentro de sus límites.».

Como podéis ver, para poder incluir necesitamos contar previamente con unos límites dentro de los que incluiremos la persona o cosa que sea objeto de inclusión. La palabra procede del latín includere: «encerrar dentro de algo».

Sí, lo que encierras lo incluyes en ese conjunto limitado, pero lo que no encierras, lo que dejas fuera, lo estás excluyendo ¿no? (A sensu contrario).

El lenguaje es un todo indivisible. Cada palabra que utilizamos, fea o guapa, agradable o desagradable, la necesitamos para expresarnos. Generar compartimentos subjetivos, inclusivos o exclusivos, es en sí mismo una verdadera aberración. Empobrece la mente y crea seres H dependientes e inseguros a la hora de expresarse y de pensar. Los compartimentos del lenguaje se reproducen en la mente del que habla y lo esclavizan.

No existe lenguaje inclusivo ni exclusivo. Solo existe «EL LENGUAJE» que debes utilizar para expresar lo que piensas, lo que sientes, lo que ves, lo que entiendes…; utilízalo en toda su extensión sin preocuparte si lo que dices agrada o no a otros, porque ese es un concepto subjetivo y cada uno tenemos el nuestro. Eso sí, ten cuidado con el contenido de lo que dices porque, a veces, hay quién sucumbe a la tentación de utilizar el lenguaje para mentir y manipular a sus semejantes.

La prostitución del lenguaje

En el control de las masas se utilizada la prostitución del lenguaje porque da cohesión el grupo. No importa que el contenido del mensaje sea contradictorio sino que suene bien, que incluya ciertas palabras obligatorias que gustan al destinatario. Son palabras clave, da igual su significado.

El grupo se maneja anulando la personalidad del individuo, que es sustituida por la de la colectividad, y para ello se utiliza este lenguaje «inclusivo», que en realidad es excluyente, y que consiste en juntar palabras bonitas y vacías a otras no tan bonitas a las que tratan de cambiar su significado para parecer que se dice algo diferente a lo que se está diciendo. Es el lenguaje de las medias verdades.

El grupo compra el mensaje vacío de contenido y rellenado con humo para que no se note, y se van contentos con él a sus casas.

Ya lo decía mi abuela: no hay mayor mentira que una verdad a medias. ¿O no lo dijo mi abuela? Bueno, en cualquier caso, a mi abuela eso del humo no le iba demasiado; siempre le pareció que era tóxico.

Utiliza el lenguaje

Tenemos un idioma tan rico y variado como para que en cada momento encontremos las palabras adecuadas para expresar lo que queremos decir y, si lo que decimos suena mal o es políticamente poco correcto, nos quedan dos opciones: no decirlo y callarnos; o hacerlo con todas sus palabras y letras para no engañar a nuestros oyentes o lectores más inteligentes ni a los otros.

Amador Moya

Todos los derechos reservados.

Suscríbete a mi página. Te mantendré informado.

No recibirás más de un correo/semana y podrás darte de baja cuando lo desees.

Mantenenos tus datos en privados. Lee nuestra política de privacidad en la parte inferior de la página.

Mente creativa

Hablemos del momento en el que la mente creativa vaga entre la realidad y la ficción, perdida sin control de…

El lenguaje inclusivo

En este mundo del «todo vale», nos empeñamos en juntar palabras que se excluyen entre sí para definir lo simple,…

¿Quién es el Delincuente?

El delincuente es una pieza imprescindible en la novela negra. Normalmente desempeñará el papel de antagonista: el malo que nos…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *