Ortega y Gasset

Un librepensador, un filósofo, un sociólogo. Un personaje eminente de nuestra historia cuyas conclusiones analíticas de la sociedad, lejos de hacerse viejas, cobran vigencia con el paso del tiempo.

El Ojo Crítico de Amador Moya

A. Moya

«La mentira sería imposible si el hablar primario y normal no fuese sincero. La moneda falsa circula sostenida por la moneda sana. A la postre, el engaño resulta ser un humilde parásito de la ingenuidad.»  Ortega y Gasset.

«¿Sabéis algún lugar del mundo donde la inteligencia exista?» Job.

Ortega y Gasset en su época.

Nacido en 1983, le tocó vivir una época plagada de hechos caóticos, todos ellos negativos, que sumieron definitivamente a España en la miseria, no solo económica, sino también intelectual: el asesinato de Cánovas, la guerra de Cuba y la pérdida de las últimas colonias, el asesinato de Canalejas, la Semana Trágica de Barcelona, las guerras con Marruecos, el nacimiento de los sindicatos y las posteriores revueltas sociales que provocaron. Momentos muy convulsos socialmente a los que puso fin la dictadura de Primo de Rivera.

Seguramente que la llegada de la II República supuso para Ortega y Gasset, como para otros muchos españoles, un soplo de esperanza, más que fugaz, efímero, porque tras haberse destacado como un republicano convencido en los años anteriores colaborando con algunos de los personajes más significativos de la misma (como es el caso del mismísimo Azaña) y de formar parte de las Cortes Constituyentes como diputado; lo cierto es que, tan solo un año después, en 1932, lo deja todo y se aparta de esa política sobre la que tanto ha escrito.

Supongo que todo un año cohabitando en aquella jaula de grillos, rodeado de la barbarie más absoluta a la que él mismo se refería en sus ensayos, harían que sus expectativas republicanas se desinflasen como globo de feria. No obstante, a este librepensador aún le quedaba por ver lo peor.

¿Quién era Ortega y Gasset?

Ortega y Gasset es, sin duda, una de las mentes más claras del siglo XX español. Uno de esos individuos eminentes que él tanto echaba de menos en nuestra sociedad. No hubiera sido suficiente, pero otra media docena como él hubieran ayudado, ¡y de qué manera!

No debe sorprender que un hijo y nieto de periodistas se dedicara a escribir en los periódicos. Otra cosa muy distinta es que te lean de forma masiva; máxime cuando lo que escribes se encuentra relacionado con la filosofía social de la época.

Personalmente me resultó sorprendente conocer que el libro titulado “La rebelión de las masas”, compuesto por una serie de artículos publicados en el periódico El Sol a partir de 1926, haya tenido una difusión tan amplia.

El propio Ortega refería en 1951 que se habían vendido más de medio millón de ejemplares, a los que habría que añadir los que lo leyeron en el formato de artículo periodístico, que no debieron ser pocos.

Ortega y Gasset no fue único por la época que le tocó vivir ni por lo que en ella aprendió, otros muchos estuvieron en sus condiciones, sino porque, cual rara avis, tuvo la suficiente capacidad de análisis para estudiar con objetividad el presente y el pasado y así ver lo que todos tenían delante de sus propios ojos y ninguno percibía.

Pero esto, con ser importante no es suficiente. Ahora hay que transmitirlo, comunicarlo, atreverse a decirlo en voz alta, y en eso también resultó sobresaliente.

«Nos encontramos, pues, con la misma diferencia que eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. Éste se sorprende a sí mismo siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la inminente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. El tonto, en cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la inevitable tranquilidad con que el necio se asienta e instala en su propia torpeza.»  Ortega y Gasset.

¿Por qué, Ortega, por qué?

¿Por qué quisiste jugar a adivino y diseñar nuestra sociedad de una forma tan descarnada y abrupta? Si ya sabías, como lo sabías, en lo que nos íbamos a convertir irremisiblemente, ¿por qué te empeñaste en que lo supiéramos cuando resultaba evidente que no te haríamos el más mínimo caso?

Sí, lo sé. Para ti era muy fácil y la tentación, insuperable; pero debes comprender que leer, cien años después, la diferencia entre el tonto y el perspicaz, resulta muy duro. Y si “el tonto es vitalicio, sin poros” y no podemos hacer nada para desalojarlo de su tontería, ¿cuál es el futuro que nos queda por delante?

Quiero decirte desde aquí, desde este negro futuro que tú visionaste en tu presente, que el tonto será vitalicio, pero la tontería no se transmite por herencia, sino más bien como una enfermedad contagiosa para la que no existe cura y de la que tan solo unos pocos privilegiados han conseguido escapar.

Por ese motivo, en mi presente el tonto lo abarca todo, y el perspicaz trata de hacerse el tonto para pasar desapercibido y así poder sobrevivir. Pero ¿qué pasará en un futuro, no lejano, cuando la enfermedad logre extenderse a todos los camuflados también?

Ortega y Gasset, y la barbarie.

No es preciso que me respondas, lo conozco muy bien: la barbarie. Te confirmo que esa barbarie que tanto temías que llegara, ha llegado. Ya está aquí y, como predijiste, lo controla todo; absolutamente todo.

También te confirmo que esa barbarie te ha relegado al más completo olvido; no a tu nombre que sigue designando muchas de las principales calles de nuestras capitales, sino a tu obra y a tu memoria; a tu alma. Ya nadie te lee ni te estudia, porque el tonto, instalado en su torpeza como bien avanzaste, lo que nunca hará será reconocer lo que és; al contrario, hablará con suficiencia y cantará a los cuatro vientos sus más grandiosas hazañas que, en la mayoría de los casos, fundamentará en un curriculum falso o en alguna estadística favorable.

Para tu consuelo, Ortega, te diré que has tenido suerte. Porque a esos tontos, tu pasado republicano les ha hecho creer que eres lo que nunca fuiste y eso, al menos ha salvado tus calles de su “desmemoria histórica”.

Algo es algo, amigo mío. Nunca se sabe los efectos que esa circunstancia pueda tener en el futuro. Quizá, dentro de otros cien años, alguien se pregunte por quién es ese tal Ortega y Gasset que preside su calle y, curioso, consulte la Wikipedia para descubrir que fuiste un profeta que no le pudiste salvar de la ignorancia. Solo espero que él sepa reconocerte que lo intentaste.

 

P.D. Aún no te voy a explicar lo que es la Wikipedia ni cómo funciona. Entiéndeme, solo trato de evitar que te eches las manos a la cabeza.

Amador Moya

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