Política y social

Se trata de dos conceptos que se necesitan, que son inseparables. Ambos viven dentro del ser humano formando parte de su esencia.

El Ojo Crítico de Amador Moya

«El hombres es un animal cívico, un animal político». (Aristóteles) 

Política y Social.

He pensado partir de esta frase porque es muy clara y resume a la perfección la idea que quiero expresar. La política y la sociedad están tan unidas que no pueden vivir la una sin la otra. Trataremos de explicar cómo ocurre esto.

ÍNDICE:

– El ser humano (el ser H.)

– El ser H. y la desobediencia.

– ¿El grupo nos asegura la inmortalidad?

– La política y la polis.

– ¿Quién inventó la política?

– Conclusión.

La sociedad se organiza política y social

El ser humano.

Efectivamente, el ser H. es un un ser cívico. No sabe ni puede vivir si no es en sociedad, en compañía de otros de su misma especie.

Esta afirmación, que a simple vista parece sencilla, se complica cuando la analizamos en su aplicación práctica. La complicación no se encuentra en la afirmación, claro está, sino en el propio ser H. que es el actor principal, el verdadero protagonista de la sociedad.

No quisiera extenderme sobre este apasionante tema que daría para horas, días, incluso meses de debate sin que probablemente llegásemos a agotarlo; hoy solo me interesa el aspecto social de este individuo tan singular.

Esta es la cuestión, este es el problema: la singularidad. El ser H. es único y la causa de que lo sea se encuentra en su capacidad de raciocinio. Esta característica implica que no existan dos iguales.

Este es el momento en el que tú, como lector, te sientes elevado y piensas: «es maravilloso, soy único, no hay nadie como yo…». ¡Cuidado! En esta vida todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes o, como decía el otro: todo lo que sube, baja.

Te preguntarás por el motivo de mi intervención como «pájaro de mal agüero». La razón es muy sencilla, verás: esa singularidad es la causa de que la vida en sociedad resulte tan complicada.

El ser H. desobediente.

Kan definió a este individuo como «insocialmente sociable». Ya sé que este filósofo era uno de esos seres H. complicados, pero su definición resulta de lo más acertado.

De nuevo aparece la razón para convertirnos en únicos, para provocar que nos planteemos diversas posibilidades, que veamos las cosas desde un punto de vista diferente al de los demás de nuestra especie y tendamos a desobedecer, a incumplir, a encontrar un motivo para cuestionarlo absolutamente todo.

«¡Jo…, qué tipos! Lo queremos todo», te dirás. Efectivamente, es el egoísmo que nos lleva a desear aquello que pensamos que nos beneficia sin importarnos si esa misma acción perjudica a otros. 

Por este motivo, Kant dice que somos insociables, a pesar de que estamos condenados a vivir en sociedad.

«Menudo descubrimiento», dirás ahora, «¿no fue Protágoras (uno de los primeros sofistas allá por el S. V a.c) el que dijo aquello de “las cosas son para mí tales como me parecen a mí, y para ti tal como te parecen a ti?».

Claro, a pesar de haber pasado dos mil quinientos años, es justo lo que pensamos tú y yo. ¿No es maravilloso? Estamos convencidos de que hemos evolucionado tanto y descubrimos que pensamos lo mismo.                          

¿El grupo nos asegura la inmortalidad?

Savater cataloga esta desobediencia social como condición del ser H. y la relaciona con la creatividad y la capacidad para inventar, tan necesarias para que las sociedades avancen.

En realidad, fundamenta la necesidad del individuo de vivir en sociedad por su afán de escapar a la muerte, de permanecer en el tiempo y hacerse inmortal.

Este enfoque resulta muy interesante, porque si el individuo no puede evitar la muerte, el grupo, la sociedad que se renueva continuamente con nuevos individuos, sí lo hace, y permanece.

Pero esta circunstancia yo la veo más como una consecuencia que como una causa. El individuo no vive en sociedad para evitar la muerte sino porque lo necesita para vivir y mientras está vivo: en sociedad nace, aprende de los demás, compra, vende, progresa, se empobrece, experimenta sensaciones, emociones…

No dejo de reconocer que un par de días de la semana me preocupa que cuando me muera se siga hablando de mí, incluso en esos días,  me preocupa hasta lo que se diga de mí; pero los otros cinco días me trae completamente sin cuidado todo ello.

La Política y la Polis.

La palabra “política” tiene su origen en la griega “polis” que significa ciudad, pero también significa estado, porque en aquella época las ciudades eran también estados al constituir la unidad de gobierno más amplia que existía; es decir, las ciudades eran independientes y autónomas y tenían su propio gobierno.

En realidad el significado correcto sería “del estado” para referirse a todo lo que hace referencia a los asuntos de gobierno de la ciudad.

Por lo tanto, tenemos a la ciudad como unidad de ámbito social o grupo de individuos y a la política como todas las tareas que atañen a la organización y gobierno del grupo o sociedad.

Como podéis ver, no existe la una sin la otra. No puede existir sociedad sin organización ni organización sin grupo al que organizar.

Resulta curioso comprobar que, en aquellos orígenes, era una obligación ciudadana ocuparse en los asuntos públicos y al que no lo hacía se le denominaba “idiotes” que venía a significar algo así como “inculto” y que finalmente ha derivado en la palabra “idiota”.

Conviene reflexionar sobre el significado de esta palabra, en consonancia con lo que antes he dicho del egoísmo, para preguntarse si en verdad quedan políticos en nuestra sociedad.

¿Quién inventó la política?

No vayamos ahora a pensar que la necesidad de organización social fue inventada por los griegos. En realidad es tan antigua como el propio grupo y como el hombre mismo.

Conocer el origen y significado de esta palabra es importante, pero debe quedar claro que solo se refiere a la palabra y no al concepto.

De nuevo me vuelve a pasar como en el anterior caso de Protágoras. Miro a mi alrededor y veo a personas muy importantes con palabra grandilocuentes saliendo de su boca y hablando de política, de derechos, etc. Luego me doy cuenta de que la política siempre ha sido igual y lo seguirá siendo por los siglos de los siglos por mucho que se haga demagogia barata con ella.

Si analizamos la distribución social que hace Platón (hace 2500 años aproximadamente) en «La República», vemos que se trata de una pirámide en la que en su parte superior están unos pocos ciudadanos a los que llama «pensadores-gobernantes», luego hay otro estamento más amplio donde están lo que denomina «guardianes», y finalmente la base formada por el resto del grupo y a los que nombra como «productores».

 

La conclusión

Echemos una mirada hacia atrás en la historia. No importa hasta cuando  nos remontemos  para comprobar que SIEMPRE se ha dado en la sociedad, en TODAS (incluida la actual), esta misma distribución.

Esta comprobación nos debe invitar a pensar en que hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos y matemos a quien matemos, resultará inútil si lo que pretendemos es cambiar este organigrama, porque seguirá replicándose en el futuro con independencia de las personas a las que toque representar uno u otro papel.

Debéis tener en cuenta que es justo el mismo esquema social que Orwel dibujó con animales hace poco más de setenta años. Por este motivo, podemos concluir que, en esencia, la política no cambia; los únicos que cambian son los idiotas.

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