¿Qué es la Libertad?

Tomo como referencia un texto de H.L. Menchen con el fin de contrastar su concepto subjetivo y etéreo con lo que en realidad debe entenderse que es la libertad

El Ojo Crítico de Amador Moya

A. Moya

«Creo en la libertad. Y cuando digo libertad, quiero decir esto en su sentido más ampliamente imaginable. Libertad hasta los límites extremos de lo factible y lo tolerable». H.L. Menchen.

¿Quién fue H.L. Menchen?

En realidad fue todo un personaje destacado del primer tercio del siglo XX americano. Periodista primero y editor después, escribió varios libros, siendo de uno de ellos de donde se ha extractado el párrafo anterior.

Como referencia de la importancia de este hombre en aquella sociedad  diré que en 1931 Arkansas aprobó una moción para que se rezara por el alma de Menchen.

Se le tuvo por un gran defensor de los derechos civiles y algunos lo consideraron como un escéptico. Realmente debió serlo, aunque yo lo calificaría más bien como un provocador en el sentido «más ampliamente imaginable».

Resulta fácil ser un defensor de los derechos civiles desde una postura de privilegio como la que él ostentó toda su vida.

La libertad de Menchen

Al párrafo extractado siguen otros en una escalada de exageraciones incoherentes sobre la libertad.

El recogido previamente contiene varias afirmaciones basadas en el más absoluto subjetivismo que pretenden tocar la fibra sensible del lector, provocando fuerte adhesión o rechazo.

Cuando una persona lee este párrafo se queda con la primera oración y se regocija en la segunda. Nunca llega a reflexionar sobre la última. ¿Por qué? ¿Límites?, ¿qué límites si antes hemos hablado en términos absolutos? Esa es la cuestión.

«La libertad de elección y la vulnerabilidad de nuestra condición son las bases de nuestra ética, y nos imponen unas obligaciones». Fernando Savater.

¿Qué es la libertad?

Se trata de un término muy utilizado. Todo el mundo parece conocer sobradamente lo que es la libertad. Tan es así que podría ocurrir que si trataras de explicárselo a alguien, se ofendiera.

Sin embargo, basta raspar la superficie de tan desmedida sabiduría para darse cuenta de que la mayoría de los seres H esconden bajo esta fachada una necesidad frustrada de «hacer lo que les de la gana».

No quisiera profundizar en este concepto porque ya lo he hecho sobradamente en mi artículo titulado «Librepensador», al cual me remito.

A modo de introducción diremos que existen dos formas de libertad; por un lado, la mental o intelectual que consiste básicamente en la capacidad de elegir. Esta libertad no admite más límites que los que tu mismo te impongas. Es a la que se refiere la cita de Savater.

Por otro lado, tenemos la libertad física, de movimientos, de expresión, etc. Esta libertad necesita de un marco legal de desarrollo si queremos vivir en sociedad. Es a la que Menchen se refiere y de la que reconoce, con la boca pequeña, que debe tener límites.

De forma habitual nos referimos a ella para evocar un estado de ausencia total de ataduras en el que podamos actuar a nuestro antojo, pero debemos reconocer que esto solo es posible cuando nos encontramos solos, como ocurren en el caso del excursionista de la fotografía y, aún así, debemos respetar los condicionantes que nos impone la propia naturaleza.

No se puede hablar de esta libertad en términos absolutos porque eso nos llevaría a una situación de ausencia total de libertad.

¿Existe acaso la libertad absoluta?

Como ya os he dicho antes, la única libertad absoluta es la mental, la intelectual, la propia de cada uno. Esta libertad consiste en elegir; por este motivo, a veces, resulta muy difícil de ejercer.

Algunos la ceden a otros por comodidad. Incluso podríamos llegar a pensar que se puede convertir en una verdadera condena, quizá por ese motivo dijo acertadamente Jean-Paul Sartre que «estamos condenados a la libertad».

La libertad de pensamiento es una condición del ser H. y no podemos renunciar a ella. Más que un derecho es una obligación.

 

¿Cuáles son y dónde están esos límites extremos?

Una vez que tenemos claro qué es la libertad podremos tratar de fijar los límites.

En realidad no existen más límites que los impuestos por las leyes y las instituciones encargadas de hacerlas cumplir. No existen otros, ni más allá ni más acá. 

En un estado de derecho, la ley establece las normas mínimas de convivencia para que los ciudadanos puedan relacionarse entre sí con respeto a sus derechos civiles.

Eliminando esos límites, simplemente eliminaríamos la propia sociedad y, con ello, cualquier posibilidad de convivencia pacífica y de libertad.

Si comparamos distintas sociedades en las que la aplicación del estado de derecho se lleva a cabo de forma diferente, nos encontraremos también con distintos grados de libertad, de justicia social, de igualdad, etc.

Por supuesto que las sociedades son comparables. Incluso dentro de un mismo país existen sectores sociales más beneficiados que otros poniendo de manifiesto la deficiente aplicación del estado de derecho.

 ¿Cómo establecer los límites?

Cada sistema político tiene sus propios métodos, pero tenemos que resaltar que todos los tienen porque, si no los tuvieran, no existiría sociedad, ni justa ni injusta.

Una vez aceptada la existencia de esos límites, conviene hacer una reflexión, ¿esos límites restringen el ejercicio de la libertad o son el instrumento que permite su existencia?

Por supuesto que Menchen los ve como un corsé opresor que impide al ser H respirar la imprescindible dosis de oxígeno libre, pero ¿es esa la interpretación correcta? ¿Qué ocurriría si tu vecino, en el ejercicio desmedido de su propia libertad, en vez de vivir en su casa, decidiera vivir en la tuya?

Yo interpreto los límites como una barrera, como una muralla necesaria que me permite disfrutar de mi libertad sin ser agredido por la de los demás miembros de la sociedad.

En un verdadero estado de derecho donde impere el principio de igualdad ante la ley y en el que esos límites sean comunes para todos, la muralla siempre será protectora para el que se mantenga dentro ella.

Como puedes ver, el punto de vista ha variado y, con ello, la interpretación de «qué es la libertad».

El subjetivismo de Menchen

Otra discusión muy diferente sería si nos preguntásemos: ¿dónde deben estar esos límites, cómo y quién debe establecerlos? En este caso estaríamos en el campo del «deber ser» en el que Menchen se mueve; esto es, en el campo de la subjetividad.

En realidad, él empieza el párrafo con la palabra «creo» para continuar en la segunda frase con «quiero». Esta segunda palabra inicia la frase más fantasiosa de todo el párrafo: «quiero decir esto en su sentido más ampliamente imaginable».

Su apelación a la imaginación nos deja perdidos en la más absoluta indefensión. Desorientados y sin referencia alguna del concepto subjetivo que cada individuo pueda tener de lo que es la libertad o cualquier otro término.

La última frase, «Libertad hasta los límites extremos de lo factible y lo tolerable.», es para Menchen un paracaídas. Un paracaídas plagado, de nuevo, de subjetividad.

Él sabe que la libertad sin límites no es posible y le coloca, como si se tratara de vestir a un santo, los ropajes de la talla más grande que exista sin precisar cuál es, de esta manera se guarda de las críticas que le puedan echar en cara la demagogia barata que utiliza, pero en realidad no hace otra cosa que agravar la situación y descubrir su propia falacia.

El subjetivismo del periodista populista

La realidad es que esta estrategia es utilizada con éxito por el periodismo en general.

Recurrir al subjetivismo no es lo propio de una profesión que debe girar en torno a su fin principal de contar noticias, sucesos y acontecimientos reales. Hablamos ahora de informar al público de lo que ocurre en el mundo, de informar sobre hechos objetivos.

Sin embargo, la realidad es muy diferente porque el periodista navega de forma permanente en el mundo de la opinión personal, del debate, de la polémica, de la manipulación de la realidad para presentarla al público de una forma favorable a unas determinadas ideas a las que sirve.

En este sentido, nos podemos encontrar la misma noticia (real) vestida con diferentes trajes (subjetivos) que la disfrazan y la hacen parecer una realidad distinta en función del maquillaje que exhiba.

Lo curioso de este caso es que el público queda satisfecho y el negocio sigue prosperando, pero el mundo de lo subjetivo se extiende y ya casi lo abarca todo, en perjuicio de su hermano objetivo.

Esta controversia entre objetividad y subjetividad, ocupa parte de mi tiempo. Te invito a que te sumerjas en este debate visitando el enlace que te dejo porque creo que este es uno de los temas más apasionantes de la actualidad.

En resumen, el párrafo en cuestión es una verdadera falacia que, con intención demagoga, trata de manipular al lector de forma intencionada para quedar ante él como un auténtico defensor y luchador de la nada.

Amador Moya

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