Soledad y Tristeza en las redes sociales.

Soledad y Tristeza intrigan. 

En mi último artículo te contaba como el suspense se convierte en un potente creador de emociones. Pues bien, a estos dos personajes tan conocidos y cada vez más habituales en un mundo plagado de tecnología y de medios de comunicación, llamados Soledad y Tristeza les pasa algo parecido, también son capaces de generar emociones muy fuertes que conducen inevitablemente hacia la intriga a quienes las experimentan.

Puede que os preguntéis por el motivo de tal afirmación. El otro día me contaron una historia que te interesará y te aclarará algunas dudas.

Una historia.

Soledad y Tristeza le hacen reflexionar a Sergio con demasiada frecuencia; sobre todo, desde que el azar del Messenger trajo hasta la pantalla de su móvil la visita de Mar.

Todo surgió con normalidad. A las consabidas solicitudes de amistad en Facebook les sucedieron los correspondientes saludos en el chat y los mensajes esporádicos que trataban de ser divertidos dentro de la más absoluta corrección; pero las cosas, pronto comenzaron a torcerse.

Mar (la llamaremos Mar para evitar su nombre casi impronunciable) es una mujer de unos cincuenta y cinco años que vive en una ciudad muy poblada de la california americana, pongamos en Los Ángeles.

Está divorciada desde hace casi veinte años. Tiene cuatro hijas, todas ellas viviendo independientemente fuera del hogar familiar, las cuales le han dado unos cuantos nietos.

Por si esto fuera poco, también presume de muchos amigos y amigas repartidos por todo el mundo, incluso de una larga familia de hermanos, hermanas, etc.; pero Mar vive sola y, lo que es peor, se siente sola, muy sola, tremendamente sola.

A cada momento del día, Mar implora a Dios que la obsequie con su más ferviente deseo, un hombre, un compañero que la quiera y que aleje de su entorno aquella espesa nube de soledad y tristeza que amenaza con engullirla para siempre.

Soledad y Tristeza con un montón de amigos.

Muchos amigos pero está sola

Muchos amigos en las Redes Sociales.
Todos están conectados pero nadie le presta atención.

Observa su celular y se fija en la cifra: 17.321 amigos en Facebook. Con el aparato encendido en la palma de su mano, reflexiona un momento para darse cuenta de que más del 95% son hombres.

Hombres de todas partes del mundo y que hablan todos los idiomas. Hombres mayoritariamente solos. No había duda de que aquellos eran muchos amigos, pero ninguno parecía interesado en ella.

Contempla la palma de su mano para comprobar que la luz de su teléfono se ha extinguido y continúa su paseo por la playa al lado del único compañero que sabe nunca le va a fallar: el mar. “Que nombre tan bonito”, piensa mientras mira al cielo.

El sol se oculta en el horizonte anunciándole la caída de la tarde y la inminente llegada de la noche. ¡Dios, la noche!, como la temía…

Su corazón se agita en el pecho y su mente se vuelve opaca ante la amenaza que se cierne sobre ella.

Se apresura para regresar a casa. Tiene que prepararse para una noche más, para una noche de interminable soledad y tristeza que la dejará exhausta y, finalmente, la permitirá dormirse justo media hora antes de que suene el despertador.

Soledad y Tristeza ante la indiferencia.

Sabe que tiene muchos mensajes para contestar y que debe ser cuidadosa en no demorarse con las respuestas.

No puede permitirse el lujo de perder amigos, pero le aterra abrir aquella aplicación para comprobar que no están los que ella espera.

«Ahí fuera hay muchos hombres», piensa, «¡alguno tiene que ser para mí! Alguno no; uno que sea sensible y cariñoso, que sea guapo, alto, que no sea demasiado mayor, que… ¡Dios, un nombre!, con eso será suficiente.»

Sentada en el sofá de su salón y con el celular en la mano, cierra lo ojos durante un instante y respira hondo tratando de relajarse y hacer acopio de valor para encender el aparato.

Abre la aplicación y aborda la interminable lista de contacto que tienen una luz verde a su derecha. Con el dedo gordo de su mano los mueve hacia arriba y hacia abajo pasándolos con agilidad en la desesperada búsqueda de una foto concreta.

Sola entre mucha gente
Rodeada de Soledad y Tristeza

Emociones encontradas. La ilusión.

De pronto su corazón da un brinco en el pecho advirtiéndola que esta allí la contestación que ha aguardado durante todo el día.

De inmediato puede percibir con total claridad que Soledad y Tristeza de apartan de ella dándola un respiro. La ilusión las ha ahuyentado momentáneamente.

Su impaciencia es tal que, con las prisas, pincha en el contacto inferior y se ve obligada a cerrarlo de inmediato para abrir finalmente la respuesta esperada.

¡Dios, cómo lo odiaba! “Hola Mar, estoy bien. Gracias”. Esa era toda su respuesta. Con parsimonia va moviendo su dedo hacia abajo en la pantalla y releyendo sus propios mensajes mientras las lagrimas brotan espontáneamente de sus ojos sin que ella pueda hacer nada por controlarlas.

Se había esforzado en ponerle cosas realmente bonitas. Párrafos largos llenos de sentimientos, de sugerencias. Párrafos largos llenos de amor…

Casi veinticuatro horas después, la contestaba con cinco palabras. ¿De qué la servía que estuvieran perfectamente colocadas? ¡Hasta ella podría colocar bien cinco palabras! ¿Cómo era posible aquella indiferencia ante sus sentimientos? Soledad y Tristeza regresan a ocupar el lugar que ahora deja vacío de nuevo la ilusión cabizbaja.

Su pecho ya no puede contener el llanto y sus gritos se oyen en toda la casa. “Eres un hijo de puta. ¿Me oyes, Sergio? ¡Un hijo de puta!”, grita sin dejar de llorar y sabiendo que nadie la va a oír.

El miedo a Soledad y Tristeza.

Una imagen recorre su cabeza: la están metiendo en un ataúd y está tan gorda que no cabe.  Un par de hombre la empujan fuertemente y se ríen a carcajadas.

Cuando recobra la conciencia se da cuenta de que todo era un sueño. Se encuentra en el sofá, sola y arrebujada bajo su vieja manta. El sueño ha sido motivado por el artículo que leyó ayer en la revista  Muy Interesante. «La soledad provoca más muertes que la obesidad», así es como se titulaba.

Ella cumple las dos condiciones. Desde que leyó ese artículo vive obsesionada. Teme que Soledad y Tristeza la engullan entera mientras duerme. Tiene que hacer algo. Las dudas recorren su mente: ¿y si sufriera un accidente doméstico  y nadie pudiera socorrerla?, ¿y si se muere y tardan varios días en encontrarla?, ¿y si le da un infarto y…?

Mira por la ventana y comprueba que la noche es cerrada. Se levanta apresurada. El reloj de la cocina marca las 23:14. Hace el calculo, en España son las 7:14.

Ahora está más relajada, más tranquila y puede pensar mejor. Cenará y luego se irá a la cama. Allí, entre contestar los mensajes pendientes y chatear con unos y con otros, si tiene suerte, llegará al amanecer sin pensar demasiado en aquel “cabrón” que la obsesiona a todas las horas del día. Había tomado la decisión de ignorarlo, pero de eso hace tiempo y… no lo ha conseguido… aún.

Las Redes Sociales quieren salvarla.

Facebook es su preferida.
Busca refugio en las RR SS, pero Soledad y Tristeza no la abandonan.

Repasando los nuevos mensajes viene a visitarla percibe que a su lado se encuentran Soledad y Tristeza. Siempre están allí. Podría decirse que se han convertido en compañeras habituales.

Largas cadenas de mensajes vacíos con un envoltorio bonito, es lo que han venido a dejarla sus amigos. Muchos de ellos se repiten y los va replicando como contestación a los demás. “Es divertido esto”, piensa cuando ha acabado.

También atiende las solicitudes de amistad porque sabe que debe seguir aumentando el grupo. Ninguna de sus amigas tiene tantos como ella y, ¡mira que lo intentan!

Busca entre los que hay conectados y comienza a mandar mensajes y a chatear. “No, él no está activo”, piensa, “ni falta que hace. Hablaré con David que es mucho más simpático. Y si están libres Charlie o Howard…, será realmente estupendo porque así convino dos idiomas a la vez”.

“Antes, con Sergio era más divertido, me hablaba en francés y decía cosas graciosas; ahora está imposible. Cuanto más lo busco, más se aleja… Bueno, siempre me quedan sus historias de Facebook», sigue con sus elucubraciones.

La estrategia de Soledad y Tristeza

De su mesilla de noche recoge una libreta en la que ha recopilado unos cuantos apuntes. Con parsimonia va consultando varios listados de nombres. Muchos de ellos se los conoce de memoria de tanto repasarlos. Hace tiempo que viene haciéndolo así porque antes tenía continuas confusiones y no controlaba el tipo de relación que llevaba con cada uno de ellos.

A todos les dice que está locamente enamorada, que no puede dejar de pensar en él, que lo visitará en unos meses porque es el hombre de su vida y quiere conocerlo. Les envía fotos de cuando era más joven y hermosa; trata de ocultar a toda costa que está gorda, muy gorda.

Lo tiene cuidadosamente anotado porque las historias que cuenta van variando en función de con quién comunica. A veces tiene verdaderos problemas para diferenciar entre la ficción que va creando y la realidad en la que vive. Otras veces trata de pasar de una a otra porque piensa que la relación tiene posibilidades de prosperar y todo salta por los aires.

Cada día incorpora nuevos candidatos a sus listados. Desgraciadamente, también cada día tiene que tachar otros que desaparecen sin volver a dar señales de vida.

Facebook, la favorita.

Continuamente se mueve por Facebook huyendo de Soledad y Tristeza. Coloca mensajes en los muros de los candidatos observando cuál es su reacción. Estos mensajes no son originales: copia, pega, reenvía, comparte… Diariamente estudia la tasa de candidatos que la bloquean y ésta había aumentado en las últimas semanas. «¿Cuánto tiempo tardará él en bloquearme?», se pregunta.

Sumida en sus propias divagaciones, Mar se acurruca inconscientemente bajo su edredón y deja escapar un susurro casi imperceptible “ven a ponerme mi «cobijita…”»

Luego, fija su mirada en la pared de enfrente y allí están las cuatro sombras. Sus compañeras de cada noche: Soledad y Tristeza, se encuentran escoltadas por la frustración y el miedo. Busca a la ilusión para que la ayude pero no la encuentra.

La visión de Sergio.

A Sergio no le afectan Soledad y Tristeza.
El mundo a un clic de su dedo.

Sergio no esta solo, vive con su familia y ha tenido que romper algunos moldes para conseguir que se acepten su libertad de comunicación y así moverse a sus anchas en estos medios.

Lleva ya casi dos años estudiando y analizando las redes sociales. No se considera un experto, pero ha llegado a tener una idea clara de lo que son y cada día se siente más sorprendido e interesado aunque, a veces, le parece sumergirse en un auténtico agujero negro.

Ya sobrepasados los sesenta, no ha podido resistir a su mente inquieta que le ha llevado a encontrarse con ese mundo en el que las virtudes y los defectos de la gente aparecen desde una óptica totalmente diferente.

Allí ha comprobado que no solo es la hipocresía la que se está adueñando del mundo, como él creía, sino que son Soledad y Tristeza qienes van tapándolo todo con su manto.

Las Redes Sociales para Sergio.

Esta cuestión le interesa. En una sociedad cada vez más poblada, donde las ciudades se hacen más grandes, donde la gente se amontona y se mueve sin cesar de un lado a otro, donde Internet todo lo acerca, ¡¿cómo puede ser que las personas se sientan tan solas?!

En su Facebook ha acumulado más de cuatro mil amigos en apenas tres meses. Casi todas son amigas y debió cortar el grifo porque no hacía otra cosa que recibir solicitudes de amistad.

“¿Para qué quiero yo tantas amigas si la mayoría que me entran podrían ser mis hijas?, ¿de qué voy a hablar con una dominicana de veintisiete años que apenas sabe escribir y lo primero que me pregunta es si estoy casado y cuántos hijos tengo? No puedo dedicarme a perder el tiempo de esa manera. Quizá ellas puedan, pero yo no; yo tengo muchas cosas que hacer”, se dice, “y luego, esas cadenas de mensajes…”. “Qué curioso, cuatro mil amigas y no puedo hablar ni con cuatro…”, sigue perdido en su interior.

El problema de Sergio

Mar constituye un verdadero problema para Sergio. No quiere hacerla daño. En realidad no quiere hacer daño a nadie, él trata de  aportar y se esfuerza por ayudarla.

Entiende que Soledad y Tristeza la están perjudicando mucho, pero debe asumir que él no es su hombre ni su solución, que podían ser buenos amigos en la distancia, pero que nunca sucederá nada más que eso.

Le ha explicado que no debe dejarse engañar por los sentimientos, que el mundo esta regido por las matemáticas y que, en realidad, el amor no existe. Este enfoque no ha resultado, pero se imagina la cara de Mar cuando lo leyó y no puede contener la risa.

No se le escapa que cuando se juntan Soledad y Tristeza con el amor forman unas armas muy poderosas y suelen actuar al margen de lo que las matemáticas y la razón les dictan.

Sergio piensa en Soledad y Tristeza
Soledad y Tristeza, la reflexión de Sergio.

El enigma de Mar.

En realidad, aquella amistad no le aporta absolutamente nada.

A nueve mil kilómetros de distancia y casi medio día de desfase horario, le resulta muy complicado entender lo que le ocurre y  ha optado por desentenderse de un problema que no es el suyo.

Vale que ella pudiera hacerse entender en varios idiomas y que fuera multirracial, pero lo cierto era que no hablaba ninguno con corrección; ni siquiera el español y tenía sus dudas sobre el inglés.

Sospecha que utiliza el traductor para comunicarse con él y está seguro de que nunca escribe, sino que dicta directamente al teléfono sin corregir luego los textos. La ha pillado ya en varios renuncios y no tiene tiempo para este tipo de juegos. «¡Estoy harto!», se dice, «si Soledad y Tristeza la persiguen, que se busque una solución lejos de mí y me deje en paz».

Mantuvo la comunicación interrumpida por casi una semana y la restableció conmovido por sus llamadas desesperadas y por sus promesas inamovibles, pero ahora sabe que solo el bloqueo puede solucionar aquel acoso amoroso al que está siendo sometido.

Si aún no lo ha hecho, es únicamente porque no acaba de resolver el enigma. Aquella mujer, a pesar de sus declaraciones de amor, de amistad y de fidelidad eternas, le resulta tremendamente enigmática y misteriosa.

Sabe que Soledad y Tristeza la ayudan porque lo embrollan todo, lo confunden tratando de hacer aflorar sus sentimientos compasivos y le hacen dudar; lo invitan a mirarla desde su lado más humano y generoso, pero en el fondo sabe que es un espejismo, que tratan de engañarlo y, en realidad, a ella nunca la van a soltar.

 Las matemáticas acuden a su mente para poner cordura en todo aquel caos y, por momentos, le resulta tan desconocida que llega a dudar que sea una mujer, pero a él, por encima de todo, le atrae lo desconocido; le atrae el misterio.

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Amador Moya

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