El Tribunal Constitucional regala esperanza

Amador Moya, un librepensador

Ya es oficial: la democracia ha muerto. Nuestra indiferencia y nuestra hipocresía la han matado. Ocurrió hace mucho tiempo, pero ahora ya es oficial, el Tribunal Constitucional lo ha reconocido; aunque abre una pequeña ventana por la que entra la luz de la esperanza.

A. Moya

“Dame un juez independiente y el mundo estará salvado” Javier Gómez de Liaño (Libertad Digital 28/01/2020).

“En materia de derechos y libertades, hay medidas que un Estado de Derecho no puede adoptar, por eficaces que sean. El fin no justifica los medios” Carlos Flores Juberías (El Confidencial 14/4/2020).

Un confinamiento inconstitucional

El Tribunal Constitucional no es un partido de fútbol

Hay muchos ciudadanos, dirigidos por los políticos de turno, que se comportan como verdaderos hooligans de un equipo de fútbol que han perdido un partido porque les han pitado un penalti injusto en el último minuto.

Que se manipule sin piedad a las masas por quienes tienen que defenderlas me parece inmoral, vomitivo, lo he denunciado y no me cansaré de hacerlo.

No se trata de un partido de fútbol; es mucho más transcendental, aunque algunos juristas parece que se lo toman a broma.

El 14 de abril del año 2020, apenas iniciado el Estado de Alarma, El Confidencial publicaba un artículo en el que recogía el criterio de un jurista, un catedrático de Derecho Constitucional que advertía de la trampa que ahora se destapa. Dejo el enlace.

Llevo mucho tiempo denunciando que en España ha desaparecido el Estado de Derecho. No debe sorprender a nadie porque todos los días ocurre algún hecho que nos lo recuerda.

El Tribunal Constitucional viene a confirmar esa afirmación que la mayoría de mis conciudadanos ignoran de una forma sistemática convirtiéndose en cómplices, a la vez que víctimas, de esa ominosa situación.

Mis sentimientos son encontrados, agridulces: por un lado, de alegría porque un tribunal de esas características reconozca lo que jurídicamente era evidente; por otra, de tristeza por el panorama desolador que existe en esta sociedad borreguil, manejada desde el poder.

De agradecidos es…

A la vista de esta decisión del Tribunal Constitucional, vienen a mi cabeza las palabras de un gran librepensador perseguido por el poder político y sus siervos mediáticos: “Dame un juez independiente y el mundo estará salvado”.

Hoy, quiero agradecer al exjuez, Gómez de Liaño, esas palabras esperanzadoras hacia una salvación cada día más lejana y difícil. En su momento pensé que un solo juez no sería suficiente, ahora quiero pensar que sí.

También debo agradecer al Tribunal Constitucional que, aunque tarde, nos muestre que la dictadura que padecemos puede y debe ser combatida.

Muchas veces he criticado a este tribunal por su connivencia con el poder político al que siempre han servido sus miembros por deber el cargo a esos políticos a los que tienen la obligación de controlar. No me equivocaba entonces, pero es de justicia darles las gracias ahora. Quizá Gómez de Liaño tuviera razón y exista ese juez; es nuestra única esperanza.

Una película de ficción

Vuelvo la vista atrás y veo a un déspota sin control dictando leyes para recluir en sus casas a un pueblo miedoso y estúpido que sonríe agradecido mientras aplaude desde los balcones.

Veo a unas RR. SS. y unos medios de comunicación combativos que apoyan sin fisuras al Gran Déspota y persiguen a los disidentes tratando de poner en evidencia su insolidaridad y peligrosidad social.

Veo a unas fuerzas de seguridad conniventes y cautivas persiguiendo fielmente a ciudadanos, en medio del océano haciendo surf o que corren por un monte, para multarlos por evidente riesgo de contagio; pero que observan distraídos a los delincuentes que campan a sus anchas en los despachos oficiales de las instituciones del Estado, o ante manifestaciones convocadas desde los alrededores de algún Ministerio.

Veo a un Parlamento suspendido con sus miembros instalados cómodamente en sus casas y comunicando con sus huestes a través de las RR. SS., mientras cobran sus abultados sueldos por incumplir su principal misión de control al Gobierno absolutista del Gran Déspota.

Pienso que parece que no le importa a nadie lo que está pasando, pero ni siquiera reparo en el Tribunal Constitucional porque hace ya mucho tiempo que perdí la confianza en él.

Un sueño

Dudo si es un sueño o es real porque veo a ciudadanos en los salones de sus casas, ante un televisor, comprando las mentiras y la basura que la inmensa mayoría de los canales, subvencionados con nuestro dinero, les inoculan.

Veo a unos juzgados vacíos, a unos jueces en sus casas, satisfechos y agradecidos por no tener que aguantar la “pesada” carga de enfrentarse a delincuentes, demandantes, demandados, abogados y leyes.

Veo a unos fiscales encantados con el Gran Fiscal del que esperan pacientes una orden para defender al Gobierno de cualquier reclamación que ose poner en duda su legalidad.

Veo a algún juez que levanta la voz de forma tenue y se esconde, pero no veo al Tribunal Constitucional; ya dije que ni siquiera lo echo de menos. Creo que desde aquel día en el que su presidenta recibía cabizbaja la bronca que le propinaba una vicepresidenta de un gobierno ante las cámaras en un acto público.

Una pesadilla

El sueño se convierte en pesadilla porque las empresas se encuentran cerradas, los trabajadores en casa cobrando de la gran caja, y aplauden a las ocho sin saber muy bien ni a qué o a quién aplauden.

Todo es confuso, irreal. Sí, sin duda es una pesadilla porque ante mis ojos aparece con claridad una economía paralizada por mandato de un Gobierno que aún no se ha enterado que el mercado no se puede intervenir sin consecuencias graves y negativas para los ciudadanos.

Una “barra libre” de subvenciones para unos y otros amigos, grupos sociales minoritarios falsamente calificados como desprotegidos, que viven a cuenta de la mayoría perseguida y que sirven, como perros de presa y primer muro de contención, al Gran Déspota que los alimenta, entrena y dirige.

Una evidente crisis económica con paro, pobreza y recesión para la mayoría social, y que repercute de forma directa en el aumento de la presión fiscal de los que aplauden y de los que no lo hacen.

Una gran crisis política, con la quiebra de los principios básicos del Estado, que pisotea una y otra vez nuestra Constitución desde las propias Instituciones Centrales y Autonómicas, y que lo hace como pago del Gran Déspota a los socios que le sustentan en el poder; lo que les permite a ellos hacer y deshacer en sus feudos, de los que son verdaderos caciques al más puro estilo del siglo XIX.

¿Qué está pasando en España?

El Tribunal Constitucional defiende a la Constitución

Las dudas

Sí, veo lo que acabo de relatar y mucho más, cuando miro hacia atrás, y se me parece tanto a la vieja Unión Soviética, a China, a Corea del Norte, a nuestras queridas y cercanas Cuba, Venezuela, Perú, Argentina, Bolivia… Se me parece tanto a la segunda República…

Y me pregunto: ¿Qué está pasando? ¿Dónde está el Tribunal Constitucional? ¿Y el Supremo? ¿Todo esto es legal? ¿Por qué los ciudadanos apoyan a esta gente? ¿No se han enterado de que el Muro de Berlín cayó hace ya muchos años? ¿No han visto lo que había detrás de ese muro? ¿No saben que el comunismo solo dejó pobreza, tristeza y desolación allá por donde pasó? ¿La gente aún no sabe que todo eso es solo humo?

Y me digo que no puede ser, que quizá sea yo el equivocado, que quizá tenga razón el Gran Déspota cubano y la culpa la tenga lo que queda en la isla de su masacrado pueblo porque se quejan de vicio; que quizá tenga razón nuestro “querido y amado” Gran Déspota que nos privó de nuestros bienes más preciados, la libertad y la dignidad, y que nos persiguió (aún nos persigue) por nuestro bien y por nuestra salud.

La realidad siempre ha estado a la vista

Inmerso en ese marasmo de dudas, a punto de llegar a la desesperación por pertenecer a la inmensa “minoría” perseguida y maltratada, me despierto justo cuando el Tribunal Constitucional viene a decirme que el loco no soy yo, que puede que predique en el desierto, pero que el mensaje es correcto.

Confieso que me ha sorprendido, que no esperaba que el politizado Tribunal Constitucional fuera a dar la cara y a cumplir con su obligación institucional; espero que no sea la última vez que lo haga.

Porque hoy se pone en evidencia que la insistencia de un pequeño partido político, forjado en la persecución terrorista y en la lucha por la libertad contra la dictadura más dura ejercida en el seno de esta nuestra falsa democracia española, a la que algunos llamaron: “Los años de plomo”, ha dado sus pequeños frutos.

Hoy se pone en evidencia que ese pequeño partido político, acusado de radical, de fascista y otros insultos con los que los amigos del Gran Déspota suelen obsequiar a todos sus enemigos, son los libertadores y defensores de los derechos individuales, y los únicos que se atrevieron a denunciar la tiranía.

Hoy también queda en evidencia la estupidez y falta de ética de una oposición cobarde y perdida que aspira a alcanzar el poder para sustituir al Gran Déspota, con el fin de ocupar su sillón y mantener este circo que les da de comer a todos ellos mientras nos empobrece cada vez más a todos nosotros.

La gran mentira

Hoy aparece ante nuestros ojos la gran mentira de la Democracia Española, la gran mentira del Estado de las Autonomías que agrede una y otra vez a nuestra Constitución y, de forma directa, al principio de Igualdad que nos asiste a todos los Españoles, amparando privilegios en función del lugar en donde vivas o la religión política que profeses.

Hoy también queda al descubierto la farsa de esa “nueva” Europa, que cada vez se parece más a la vieja, y que asiste indiferente (cuando no les aplaude) ante el aquelarre de la defensa de los delincuentes para evitar que sean juzgados, para evitar que cumplan sus condenas, para provocar las desigualdades entre ciudadanos en función del país de procedencia y para alimentar los viejos odios y rivalidades regionales y secesionistas.

Pero hoy, amigos míos, podemos ver ese pequeño “brote verde”, esa pequeña luz al final del largo túnel de la que nos hablaba Gómez de Liaño: “Dame un juez independiente y el mundo estará salvado”; aunque debo confesaros que no sé si el brote, la luz, durará y crecerá o lo arrancarán de raíz antes de que el rebaño se entere de su existencia. El Tribunal Constitucional tendrá la última palabra.

A. Moya

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