El misterio de viajar hacia lo desconocido.

Viajes con misterio, sí, porque el misterio siempre ha formado parte de los viajes; principalmente, de aquellos que se dirigen a lugares desconocidos.

Una característica del ser humano a lo largo de la historia ha sido su capacidad para viajar y trasladarse de un sitio a otro.

La inquietud del ser H por saber, su curiosidad por lo desconocido y su afán de protagonismo, unidas a la necesidad de subsistencia o a la ambición de riquezas, lo han llevado a realizar las más grandes y maravillosas gestas inimaginables.

De nuevo los viajes con misterio y la atracción por lo desconocido nos  tientan a mirar lo que se esconde detrás del horizonte de un planeta esférico. En definitiva, una permanente invitación hacia un mundo maravilloso de aventuras, desafíos e incertidumbres que culminan en un aprendizaje continuo.

Un poco de historia

Viajes con misterio del hombre primitivo
La caza y la subsistencia en el origen de los viajes del ser H.

El hombre primitivo, cazador y recolector, era nómada. La necesidad de alimentarse hacía que viajara continuamente buscando el sustento necesario para sí y para su clan familiar.

Luego llegó su fijación a la tierra. La agricultura hizo que el ser H no tuviera que desplazarse para alimentarse, por lo que, una vez hallado el lugar apropiado y fértil que le proporcionaba alimentos, la necesidad de viajar se vio sustituida por la de defender el territorio.

Aunque parezca mentira, esto no provocó que abandonara su condición de viajero; al contrario. La ambición del ser H junto con su capacidad de reproducción y de ampliación del clan familiar, convertido primero en tribu y luego en pueblo, etnia, raza… lo ha llevado siempre a desear la posición de su vecino.

Los viajes con misterio: del descubridor al conquistador.

La figura del descubridor siempre ha estado ligada a la del conquistador y a la del espía. Si el hombre sedentario salió de su casa y dejó su mundo de estabilidad, fue para encontrar riquezas más grandes y más fáciles de conseguir que las que tenía.

El descubridor era la pieza clave. Para él, siempre eran viajes con misterio porque su objetivo era encontrar mundos nuevos, desconocidos y llenos de riquezas.

Pero ese explorador era también un espía porque, en la mayoría de las ocasiones, no estaba solo; él trabajaba para un rey, un mecenas, un señor al que servía y que financiaba su viaje.

De esta forma, el espía informaba a su señor y éste montaba una expedición para conquistar la nueva tierra prometida, poniendo al frente, bien como guía o como auténtico director, al explorador.

El viaje con misterio se había convertido en una expedición con suspense. El descubridor se transformaba en conquistador y, si lograba su objetivo, puede que en virey o gobernador del territorio conquistado.

La tecnología en los viajes con misterio.

El explorador siempre ha sido un intrépido, un temerario, un valiente. En la mayoría de las ocasiones no sabía a dónde iba ni si regresaría algún día, pero esto no importaba porque su mente nunca miraba hacia atrás. No pensaba en lo que dejaba y su objetivo estaba siempre en el horizonte.

Esta tarea no ha sido fácil ni barata. Desde los interminables peregrinajes a pie hasta las eternas y peligrosas travesías en barcos a merced de las inclemencias del tiempo, el ser H ha ido dejando sus huellas por tierras y mares, provisto de los más variopintos medios que le ayudaban a alcanzar el objetivo de llegar a su destino.

En este sentido, el siglo XX ha supuesto un importante salto cualitativo para los viajes con misterio. De pronto, el caballo fue sustituido por el motor y el mundo se transformó por completo: el ser H pasó de la tierra y el mar, al cielo y al espacio.

Los viajes en avión.

Viajes con misterio
Los vuelos «low cost» han llenado los cielos de aviones.

La revolución que ha traído el avión a los viajes con misterio, ha supuesto que, de pronto, ya no sean necesarias semanas para cruzar el Atlántico; con solo unas horas es suficiente.

Los continentes se han acercado, las ciudades se han colocado unas al lado de las otras, los seres H se aproximaron, los conocimientos y las ideas viajaron a lo largo y ancho del globo con gran facilidad. La humanidad avanzó en pocos años lo que antes le hubiera llevado siglos.

El mundo se tornó más pequeño, pero el puzle estaba incompleto porque los viajes en avión eran caros y solo estaban al alcance de unos pocos privilegiados.

Las empresas multinacionales, las administraciones públicas y las clases sociales más favorecidas, consumían este medio de comunicación sin ningún pudor.

Entre tanto, los más humildes tenían que utilizar otros más lentos y mucho más incómodos, a la vez que levantaban la vista al cielo para ver las blancas estelas, imaginando la panorámica que estarían disfrutando los privilegiados viajeros de aquellos pájaros metálicos que apenas podían divisar.

Los vuelos low cost.

Pero, en la vida todo llega, y así fue en el caso de los viajes con misterio.

La proliferación de nuevas compañías aéreas y la feroz competencia entre ellas por hacerse un hueco en el sector, trajo como consecuencia, los vuelos “Low Cost” (vuelos baratos).

Ahora, viajar está ya al alcance de cualquier economía media. No resulta raro encontrar billetes de avión más económicos que para cualquier otro medio de comunicación.

Evidentemente, esta circunstancia ha supuesto toda un cambio social: ahora las personas viajan más, utilizan menos tiempo en sus desplazamientos, y tienen más posibilidades de encontrar trabajo y de mejorar su calidad de vida.

¿Y el cielo? Basta levantar la vista para entender el alcance de la transformación que ha sufrido con el discurrir continuo de aparatos en todas las direcciones.

Del explorador al turista, en los viajes con misterio.

Explorador y turista. Viajes con misterio
El ser H se lanza a la aventura de descubrir lo desconocido

El fenómeno ha alcanzado tales dimensiones que todos nos hemos convertido en exploradores. Descubrir nuevos lugares y relacionarnos con seres H de otras culturas se encuentra a nuestro alcance.

En el planeta ya quedan pocos rincones por descubrir o por explorar, y se ha roto esa relación entre el explorador y el conquistador, incluso con el espía.

Ahora el explorador es un turista y el turista es un explorador, y ambos viajan dentro de una misma persona tratando de resolver el misterio de los viajes, a la vez que buscan viajes con misterio.

Por su parte, el conquistador y el espía ya no necesitan viajar o, si lo hacen, se pierden en el anonimato de esa inmensa masa de personas que pueblan a diario aeropuertos y autopistas, y que llenan aviones, vagones de tren o vehículos particulares.

Los aeropuertos.

Este incremento desmedido del tráfico aéreo ha transformado los aeropuertos que han sufrido continuas ampliaciones de pistas y terminales, obligando al necesario aumento de personal auxiliar y de control que posibilite la realización de tamaña cantidad de maniobras de despegue y aterrizaje.

A diario, podemos contemplar cómo las grandes salas y pasillos de estos edificios monstruosos, se encuentran permanentemente llenos de gente que se mueve de uno a otro lado en un ir y venir frenético de multitud de viajes con misterio.

En ese alocado ajetreo, las maletas persiguen obedientes a sus dueños guardando en su interior un cargamento de sueños e ilusiones que, algunos desconfiados, envuelven de forma insistente en interminables rollos de fino plástico, ante el temor de que tan preciado botín pueda llegar a salir al exterior y perderse para siempre.

Un observatorio de los viajes con misterio.

Que maravillosos lugares para observar el comportamiento de la gente. Enormes salas llenas de personas que esperan su salida o la llegada de otros seres H que viene a su encuentro. Enormes pasillos que acogen un ir y venir de ilusiones y de anhelos.

Los grandes aeropuertos son realmente lugares misteriosos que  albergan a personajes también misteriosos en su afán por desentrañar lo que existe detrás de sus propios viajes con misterio.

Son verdaderos observatorios que atraen con fuerza mi atención y me permiten contemplar, desde el más absoluto anonimato, el comportamiento del ser H cuando la necesidad por viajar y la ilusión por conocer lo pueden llevar a vivir momentos inolvidables.

Ese es el misterio de los viajes con misterio: que nunca sabes lo que te vas a encontrar al otro lado del trayecto, aunque ya lo hayas recorrido con anterioridad; que nunca sabes quién serás tú mismo cuando regreses.

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Amador Moya.

6 respuestas

  1. Desde la perspectiva actual, parece que el afán del ser H por viajar y descubrir permanece intacto. No obstante, las gestas de aquellos pioneros que exploraban el mundo a pecho descubierto no tienen nada que ver con estos viajes de ahora con la vuelta cerrada, el alojamiento contratado, los seguros médicos en regla y el permanente auxilio de la tecnología. Bajo mi punto de vista, todo se ha reducido a un jueguecito globalizado de riesgos pormenorizados salvo para los auténticos descubridores y conquistadores de nuestros tiempos: los astronautas.
    Gracias por tu artículo, Amador, me ha gustado seguir las evoluciones del ser H por el paso de los tiempos.
    Y además tuve la suerte de pinchar en «suspense», y, siguiendo el enlace, descubrí un estupendo artículo que guardé en mi baúl de recursos de escritor. Gracias de nuevo.

  2. Es verdad que el ser humano en esencia es un explorador, que le gusta descubrir nuevos lugares, territorios, culturas y que, gracias a que viajar es más asequible para mucha más gente, se ha convertido para muchos en una preferencia importante.

    Explorar, puede llevar por debajo una búsqueda, en algunos casos puede ser una búsqueda de algo concreto, y en muchos otros sabemos que buscamos algo, que necesitamos encontrar algo, aunque ni siquiera sabemos qué es ese algo.

    Y ese también es un viaje con misterio, un viaje hacia uno mismo, un viaje que no sabemos a dónde nos va a llevar, ni lo que vamos a encontrar, si bien en algún momento de nuestra vida, nos surge la necesidad de hacerlo.

    Buen viaje amigo !!!!!

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